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del GPPRI

Presidente de la Comisión Permanente.

Presidente de la Cámara de Diputados.

Compañeras y compañeros legisladores de la Comisión Permanente.

Quisiera antes de iniciar, dar testimonio de reconocimiento al papel que la participación de la mujer ha tenido y sigue teniendo, mi compañera Dulce María Sauri, que fue gobernadora del estado de Yucatán, en un momento muy complejo de la historia de ese estado, y nos enorgulleció con su desempeño.

Y saludar el papel que ha tenido en esta lucha permanente, la senadora Patricia Mercado.

Aprecio también la presencia de todas mis compañeras legisladoras en esta LXIV Legislatura.

Escribí hace tiempo: Agradezco a la vida el haber nacido en esta época y en esta región, y para ser más precisa nacer en México, país que a inicios del Siglo XX realizó una revolución social que trastocó el orden establecido y generó espacios reales de movilidad.

Aprecio ser mexicana, mujer, y formar parte de mi generación. De ser mujer digo, porque ser mujer me ha permitido mirar la realidad con otros ojos, no los de la cultura dominante masculina, con ojos de mujer, y llegar con naturalidad a la cosmovisión que me integra, el materialismo histórico y feminismo. 

Ser mujer beneficiara de la síntesis de acontecimientos que hicieron posible el cambio cualitativo de las mujeres en la sociedad, a saber la generalización del acceso a la educación y con ello, la apropiación de su conciencia.

La incorporación masiva al trabajo remunerado y con ello, la apropiación de su autosuficiencia.

La posibilidad del acceso generalizado a los anticonceptivos y con ello, la apropiación de su cuerpo.

La existencia del divorcio sin connotación de estigma social, o sea, la apropiación de su personalidad civil.

La generalización del sufragio para las mujeres y con ello la apropiación de su personalidad ciudadana.

El surgimiento del movimiento feminista que plantea una visión distinta del mundo y reivindica el derecho a apropiarse de la construcción de la historia.

Desde esta plataforma extraordinaria, he vivido a plenitud todos los momentos de mi existencia, no he divagado ni un minuto, y desde la Atalaya excepcional que se deriva de la formación de quien ha tenido acceso a la ilustración y el análisis en México, privilegio del que he disfrutado, he observado con admiración, a veces con dolor, otras con rabia y muchas, muchas más profundamente conmovida a las mujeres de América Latina.

Soy hija pues, de esta cultura sincrética, sin límites, infinita.

Recorre mi alma la dualidad de la Malinche, la avidez de conocimiento de Sor Juana, la angustia de Rosario Castellanos, la soledad de Alfonsina, la fuerza de Tania, el aprendizaje permanente de seres humanos extraordinarios como María Lavalle Urbina y María de los Ángeles Moreno.

Con ese bagaje y esa fuerza en las entrañas, considero un enorme privilegio haber participado en el Grupo Parlamentario del PRI, en las transformaciones legales que harán posible la paridad en la participación política de las mujeres, en la construcción del poder público en el país.

Esta LXIV Legislatura se ha ganado su lugar en la historia, la legislatura de la paridad no ha defraudado las expectativas de las mujeres de México.

Quiero expresar mi sincero reconocimiento al coordinador del grupo mayoritario de MORENA, al senador Ricardo Monreal; al senador Osorio Chong, y a los coordinadores, por el esfuerzo y la decisión de impulsar esta transformación.

Y mi homenaje a las legisladoras miembros de esta Legislatura, que nos dieron un ejemplo de capacidad, de negociación y de arquitectura de acuerdos.

Señor presidente, le ruego que en la intervención que registren, incorporen los nombres de todas las precursoras, que no menciono por razones de tiempo.

Compañeras y compañeros, al poder le ha significado un gran esfuerzo comprender la nueva situación.

Hubieron de transcurrir varias décadas y varios colapsos para que surgieran otras expresiones del poder, no solo nuevas formas, sino nuevos fondos, nuestras estructuras que correspondieran a la sociedad distinta que se reconoció a sí misma, a través de los ojos y la conciencia de las mujeres.

Para el poder ha sido más difícil, porque se trata de un trastocamiento de la sociedad, un sacudimiento profundo, un movimiento telúrico desde la entraña misma del género humano, que valoró y revaloró con otras categorías el papel del hombre y de la mujer en el tejido social.

Que se opuso al autoritarismo en cualquier nivel, desde la vida íntima hasta la superestructura, pues el asunto de la participación de la mujer en la política, conduce a plantearnos la necesidad de desmitificar el poder, y a considerarlo no como un asunto estrictamente de lo público, sino como una cuestión inherente a todas las dimensiones de la sociedad, la organización institucional, lo privado e incluso lo íntimo, lo tangible y lo intangible, los valores.

El espectro del poder tiene que modificarse y ha tenido que hacerlo primero con ofertas de comprensión, integración, captación, cooptación y posteriormente en este momento, con la genuina representación que debe aportar una visión distinta, más humanista, menos acostumbrada al dominio, más aquella, la visión de los milenios marginados, de los siglos mutilados, del lenguaje inconcluso por proscrito en lo femenino.

Una auténtica representación que ha tardado siglos en decantarse, que no nada más surgió de los personajes excepcionales o de las individualidades brillantes, sino fundamentalmente del rumor primero apagado y luego ensordecedor de millones de mujeres que reclamaron al principio y luego impusieron otro orden de cosas, otro orden de cosas supone la paridad.

Si la participación en el poder de las mujeres no cambia el modo de ejercer el poder, esta es una conquista histórica nugatoria, tenemos que incorporar nuestra capacidad de construir armonía, nuestra capacidad de negociar, nuestra capacidad de respetar al otro, nuestra capacidad de reconocer el valor de todas las generaciones, desde los niños hasta los ancianos, pero sobre todo, nuestra capacidad de creer que la política es para que la vida exista, exista en condiciones de igualdad y de equidad.

Viva la LXIV Legislatura.

Muchas gracias.

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