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del GPPRI

Ciudadano presidente.

Honorable Asamblea.

Históricamente el Estado mexicano ha tenido una alianza con el magisterio, desde aquellas heroicas misiones culturales que en la enseñanza de artes y oficios fueron articulando la red que se convirtió en una nación unida, identificada por el conocimiento que transmitió el proceso de castellanización, hasta la fundación de las normales rurales que le dieron consistencia a la formación de maestros populares.

En el marco de esta alianza, el sistema educativo público se expandió, alcanzamos una importante cobertura en materia de educación primaria.

Actualmente es del 98 por ciento de los niños en edad escolar.

Crecimos notablemente en educación media básica y en educación media superior.

A las grandes universidades nacionales e institutos de educación superior, como la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Politécnico Nacional, se sumaron universidades públicas en todas las entidades federativas, cuando menos una en cada entidad.

Y se estableció un vigoroso sistema de educación tecnológica, con tecnológicos regionales y bachilleratos especializados en las vertientes industriales agropecuarias y de servicios.

Luego surgieron las universidades tecnológicas, el sistema educativo mexicano se expandió.

Surgieron instituciones especializadas para la educación de adultos, como el INEA.

Instituciones para atender comunidades recónditas y áreas marginales como el CONAFE, para construir escuelas como el CAPSE.

El sistema educativo mexicano se sofisticó, fue pionero de la educación audiovisual con el sistema de telesecundarias.

Creó instituciones especializadas para métodos de enseñanza y contenidos.

Estableció mecanismos e instituciones para la evaluación.

Estableció como sinónimo de esta decisión de universalizar el conocimiento y articular a la nación, el sistema de libros de texto gratuito.

Por cierto, queremos exigir que los libros de texto gratuito lleguen a tiempo a todas las escuelas de nuestro país. No queremos que el curso escolar empiece sin que los niños tengan sus libros de texto en sus manos.

Por todo esto y otros motivos, la educación mexicana pública era timbre de prestigio para el país.

Esto, como lo dije, se daba en el marco de una sólida alianza con los maestros.

¿Qué nos pasó entonces, qué le sucedió a México que aparentemente de manera sorpresiva inopinada un sistema educativo robusto, prestigiado, ejemplar en América Latina empezó a ser cuestionado medularmente, e incluso llegó a descalificarse por algunos? Que el mundo cambio.

Que los valores prevalecientes en el orden democrático, en la época en que se gestó nuestro sistema educativo postrevolucionario se modificaron.

Ya no era funcional, pertinente, comprensible, reconocible expresiones extraordinarias como las de José Vasconcelos, que en un discurso rememorable, señalaba: maestros son quienes se apresuran a dar sin reserva el buen consejo, el secreto recóndito, cuya conquista acaso ha costado dolor y esfuerzo.

Uno que ya pasó por distintas pruebas y no ha perdido la esperanza de escalar los cielos. Eso es un maestro.

Si somos justos, si somos intransigentes con la maldad y enemigos jurados de la mentira, si a semejanza del Brand de Ibsen, borramos de nuestra conducta la palabra transacción, si no transigimos ni con la verdad a medias ni con la justicia incompleta, no con la fama usurpada, entonces seremos verdaderos ejemplares maestros.

Como verán, Vasconcelos se refería esencialmente al concepto ético de la enseñanza, y a un maestro que fuese el puente entre una sociedad desorganizada y una visión ética del mundo.

Pero el mundo cambió, cambió el mundo occidental y arribamos a la era del conocimiento.

Cambio el mundo occidental y la revolución tecnológica a la que pudieron acceder adultos, jóvenes y niños, colocó en un pequeño aparatito, en un pequeño instrumento, la concentración de datos que se transmitían en las escuelas a través de meses y de años.

El mundo cambió y la era de la globalización particularmente en los países de la égida de América del Norte, cobró preminencia, la exaltación del individualismo y el concepto de competitividad como eje articulador de la funcionalidad del conocimiento.

Se consideró pues, que valores éticos y morales ya no eran suficientes.

La dinámica social y la articulación del país al mundo capitalista, demandó de una educación habilitadora, que formara para que en una etapa de despiadada competencia los jóvenes egresados de nuestro sistema educativo pudieran ser empleables, cumpliendo, satisfaciendo la demanda del actual mercado de trabajo.

El cambio del mundo tomó por sorpresa a nuestro sistema educativo, la sociedad occidental en las que estamos inmersos, que no se compadece de la diversidad y de la interculturalidad fijó parámetros, abrazó definiciones que fueron colegiadas y aceptadas universalmente.

En paralelo, la alianza histórica con los maestros se trastocó, se venía trastocando, y dejó de ser una alianza generalizada con la base magisterial con cada uno de los maestros y las maestras, para convertirse en un conjunto de acuerdos con sus representaciones sindicales.

La ampliación de la cobertura que multiplicó la existencia de los trabajadores de la educación, no se correspondió a una ampliación suficiente del presupuesto para garantizar ingresos remuneradores y prestaciones estables para los docentes.

La ampliación física de la cobertura educativa, no se correspondió a los mismos parámetros de construcción y equipamiento en las zonas urbanas y en las zonas rurales, dándose claramente una escandalosa diferenciación.

La educación normal dejó de ser prioridad, al no resolver el dilema de encontrar oportunidades de plazas para todos los egresados, y hubo una acción deliberada de debilitamiento de la educación normal, y un atraso en la modernización de las currículas de las instituciones que forman a los docentes.

Y todo esto repercutió, compañeras y compañeros, debemos reconocerlo, en la disminución del aprendizaje de los educandos, y lo que es más grave, en procesos de formación infuncionales para que nuestros egresados sean al mismo tiempo que ciudadanos, al mismo tiempo que seres humanos libres, seres empleables en esta nueva etapa del mercado de trabajo.

Hace un momento Miguel Mancera, expresó de dos maestras, un maestro y una maestra, de la escuela primaria Miguel Alemán, pública, de aquí de la Ciudad de México.

Yo soy egresada de esa escuela primaria, y soy egresada de una escuela secundaria por cooperación, y de una preparatoria por cooperación, que estudiábamos en una primaria que nos prestaban en la mañana.

Viví esa realidad de la educación pública de mi país, y esa educación me formó para llegar estar aquí, y soy orgullosamente egresada de la UNAM.

Pero mi ruta fue la de la movilidad social, no sé hablar inglés, mi capacidad de ser funcional en las negociaciones internacionales interparlamentarias está limitada por esa debilidad.

No tengo otra serie de atributos que se requieren en la formación de la sociedad del Siglo XXI, el mundo cambió y México es un gigante que no puede estar detenido en la sociedad del Siglo XXI.

Compañeras y compañeros legisladores, estamos en una encrucijada, la renovación de la alianza del Estado con los maestros que representa esta iniciativa, no debe suponer la reproducción de las prácticas negativas que deterioraron estructuralmente esa alianza, que corrompieron la alianza original.

Se trata de renovar una alianza estratégica con los maestros y las maestras.

Los verdaderos maestros y maestras de México, los que se comprometen con la enseñanza, los que se preocupan por los niños, los que se convierten por su ejemplo en líderes de su comunidad.

Los que son incapaces de dejar a los niños sin clases por ausentismo o por priorizar movilizaciones políticas.

Se trata, con Torres Bodet, de recordar que el maestro no es exclusivamente un profesional de la educación, es a lo largo de toda su vida, un ciudadano capacitado para educar.

Si como ciudadano aspira a una mayor justicia social, como maestro debe ser justo en el interior de la escuela misma.

Si como ciudadano quiere que cumplan todos sus semejantes con sus derechos, ha de empezar por cumplir él mismo, sin alardes, ni intemperancias con su deber.

Dije que estamos en una encrucijada, porque muchos hemos decidido votar a favor de esta reforma, por cómo se enriqueció por la colegisladora, y honor a los diputados y diputadas de todos los grupos parlamentarios.

Porque muchos vamos a votar por esta reforma, en el caso de nuestro grupo parlamentario, porque se incorporaron adiciones estratégicas.

Pero no ignoramos que en el núcleo del debate, cada grupo parlamentario y cada legislador, ha defendido con dignidad su verdad.

Reconocemos a los que se oponen, y reconocemos a los que la defienden, sin embargo, es una alianza renovada con el magisterio nacional.

No queremos que nos defrauden.

No queremos que se nieguen a los procesos de selección.

No queremos que el Estado abdique de su responsabilidad de regir la educación.

No queremos pues, que esto que es un triunfo de la democracia interior de la Cámara de Diputados, sea un error para la historia de nuestra educación.

Esa es la responsabilidad del gobierno de México.

Esa es la responsabilidad del Estado mexicano.

Es la responsabilidad de este Poder.

Muchas gracias.

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