Medios

del GPPRI

 

Gracias presidenta.

 

Compañeras, compañeros.

 

Es muy difícil tener una intervención pertinente en un debate tan complejo como éste, cuando además el corazón está adolorido, pero bueno, vamos a intentarlo.

 

En las obligaciones de la Comisión Bicamaral de Seguridad Nacional, de la cual soy integrante, está la de emitir una opinión sobre la Agenda Nacional de Riesgos.

 

En la revisión del documento que nos enviaron, que denominaron como Agenda, señalé que me extrañaba enormemente que no hubiese un capítulo destinado al análisis del control territorial del crimen organizado. El control territorial que el crimen organizado tiene en importantes regiones en nuestro país.

 

Dije entonces que este tema me parecía uno de los más relevantes de la seguridad nacional.

 

Quiero recordarles que el grupo parlamentario al que pertenezco, no votó a favor de la estrategia de seguridad.

 

Pero ¿qué estamos discutiendo en el debate del día de hoy? ¿si el Presidente de la República es humanista? No tiene el menor sentido discutirlo, es su opción personal y filosófica.

 

¿Si el jefe del Estado mexicano, Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas puede anteponer su visión filosófica a sus responsabilidades de Estado? Es una cuestión que solo la historia juzgará a cabalidad, porque es reconocible, así nos lo dicen la mayoría de los culiacanenses, evitar una masacre.

 

Pero solo la historia por venir de inmediato del devenir de nuestro país, nos mostrará si lo que otros perciben que existió un grave debilitamiento del Estado es una visión exagerada.

 

Esto se evidenciará si en otras circunstancias, en todas las circunstancias se podrá actuar cuando se combata el delito garantizando el imperio de la ley.

 

La dolorosa situación del jueves 17 de octubre de ese 17 de octubre oscuro, tan oscuro que ocultó con sangre el sol de Culiacán, nos ha llevado a un debate el día de hoy que profundiza la crítica severa al pasado reciente y avala a veces de manera irrestricta, las decisiones contemporáneas.

 

¿No será necesario un alto en el camino? Escucho con insistencia que hay que dar un cambio de timón en la política de seguridad.

 

Es válido que la sociedad mexicana quiere entender en qué consiste ese cambio. De ahí el conjunto de preguntas que son indispensables de resolver que planteó mi compañero Manuel Añorve.

 

Es claro que el planteamiento que se propone no es la guerra, ¿es entonces la amnistía?

 

No es la guerra, ¿es entonces el acuerdo?

 

¿Con qué condiciones, con qué ventajas para la sociedad mexicana?

 

¿Es perdón y olvido para los capitanes de la delincuencia organizada?

 

¿Cuál es la reciprocidad? ¿se puede?

 

¿El contexto internacional lo permite? ¿las Fuerzas Armadas lo convalidan? ¿la sociedad mexicana lo resiste?

 

Esta sociedad desmadejada, atemorizada, a veces confusa, a veces indignada.

 

Un par de veces mencioné que era necesario un pacto nacional en favor de la seguridad. No tuve respuesta. No tuvimos ningún gesto que acogiera esa disposición al diálogo y a la armonía.

 

No tenemos tampoco claridad en cuál es el cambio de timón y nos gustaría creer que tiene un buen puerto y un buen destino.

 

Pero los de Culiacán, los de ese Sinaloa de los 11 ríos, ese pueblo alegre y generoso, ese pueblo que ha sido espacios de refriegas, y que ha sido también mistificado por novelas como la reina del sur, es un pueblo que merece respuestas y que merece toda nuestra solidaridad.

 

Con los sinaloenses nuestro respeto. Ojalá tengan la fuerza para no perder su alegría.

 

Muchas gracias.

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