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del GPPRI

Presidenta, no voy a presentar esa iniciativa, voy a presentar otra, es una reforma constitucional del derecho al cuidado, que también está ya inscrita, si me permite.

 

El día 5 de los presentes, un grupo de familias realizó una marcha aquí en la Ciudad de México, para solicitar a la autoridad que se reconozca el Derecho Universal al Cuidado, de forma que se pueda construir un Sistema Nacional, que permita el acceso para toda población a este derecho y se reconozca la labor que realizan todas aquellas personas que cuidan, principalmente las mujeres, como madres, como hermanas, como hijas o como jefas de familia.

 

Algunos datos revelan que en zonas urbanas el 85 por ciento de las tareas de cuidado, la realizan las mujeres; en zonas rurales asciende incluso al 100 por ciento.

 

Estas tareas involucran proveer los benefactores para una vida digna y decente, los cuales no se limitan a la alimentación, el aseo, la vivienda, el cuidado personal, también involucra beneficios emocionales, que son indispensables para la salud de las personas.

 

El amor es el primer cuidado que recibimos cuando nacemos; el sentido de pertenencia al hogar y la familia también forma parte de los benefactores relacionados con cuidarse.

 

A lo largo de la historia y derivado de la división sexual del trabajo, las mujeres hemos desempeñado las tareas del cuidado, sin que exista un reconocimiento por parte de la sociedad, los denominados trabajos del hogar, que incluyen la preparación de alimentos, el aseo de la vivienda, la conservación del vestido y la asistencia para realizar el cuidado personal, son algunas de las principales tareas.

 

En el área rural, tenemos además el cuidado de huertas y animales de corral, el acarreo y el almacenamiento de combustibles y algunas labores de solidaridad comunitaria, que nuestras mujeres indígenas realizan.

 

Estas tareas no son remuneradas, no se consideran productivas y no tienen repercusión en el acceso a la seguridad social.

 

Millones de mujeres entregan su vida día con día para satisfacer las necesidades de toda la población y no tienen derecho alguno para vivir con dignidad y con certeza en su futuro.

 

Más aún, la división sexual del trabajo implica que las carreras profesionales de las mujeres están limitadas por la sobrecarga de las tareas de cuidado.

 

Algunos datos indican que las mujeres en la Ciudad de México trabajan en promedio 60 horas a la semana y sus cónyuges varones 40 en días laborables, es decir dedican al menos 2 horas diarias para proveer los beneficios necesarios para sus familias.

 

Estas horas sin duda aumentan para las jefas de familia o las mujeres rurales, cuyas labores no reconocen un día de descanso.

 

Porque hay que decirlo, para la sociedad en general las tareas relativas al cuidado, no es un trabajo, es una obligación por el hecho de ser mujer.

 

De igual forma hay millones de mexicanas y mexicanos que no tienen acceso a estos benefactores, niñas y niños que viven institucionalizados o en las calles; adultos mayores que han sido abandonados por sus familias, a quienes incluso el Estado, con el cierre de comedores comunitarios, les ha limitado el derecho a la alimentación; personas con discapacidad que requieren servicios de asistencia personal para poder elegir el tipo de vida que quieren y no ser forzados a vivir sin independencia al interior de sus hogares o en las instituciones de asistencia social.

 

Son muchas las carencias, y el Estado hoy día sigue ausente para estas personas.

 

Finalmente, no hay una política pública que nos enseñe a cuidarnos; cuidarse a sí mismo, no se limita a la conservación de la salud, involucra también el aprendizaje de las tareas de cuidado y la enseñanza para proveerlas, no importa el género de la persona o sus condiciones sociales o económicas.

 

Éste, quizá es uno de los mayores retos que implica el acceso universal a este derecho, dado que para reducir las consecuencias violentas de la misoginia y el machismo, es necesario que las mujeres nos empoderemos y tengamos las mismas oportunidades de desarrollo.

 

Una de las inequidades que tenemos que resolver es que el 85 por ciento de las mujeres que dejaron su empleo estructurado, tuvieron como razón la necesidad de dedicarse a las tareas de cuidado en los hogares.

 

El Derecho al cuidado, involucra tres acciones principales: cuidar, ser cuidado y cuidarse.

 

En cada una de ellas hay necesidades específicas que tenemos que resolver, porque el tiempo se nos agota, el bono demográfico que hoy es una oportunidad de desarrollo, el día de mañana se convertirá en un reto, dada la mayor proporción de adultos mayores en relación con las personas jóvenes.

 

Invertir en una política pública antes de que las necesidades de cuidado aumenten y las familias tengan que solventar estas tareas perjudicando la economía o el rol familiar.

 

Esta reforma nos permitirá mirar al futuro como una oportunidad y no como una tormenta, por ello se está facultando al Congreso General, que discuta bajo el esquema de parlamento abierto una reforma integral que entre otras cosas pueda asegurar:

 

El Acceso Universal a los benefactores necesarios para tener una vida digna y decente.

 

Las Acciones de Asistencia Social para grupos vulnerables, principalmente aquellos que no cuentan con familia, como niños, niñas, personas adultas mayores, migrantes o desplazados, población en situación de calle y personas con discapacidad.

 

El reconocimiento como labor participante del PIB, de las personas que cuidan; para asegurarles un ingreso mínimo y el acceso a la salud y seguridad social, además de aprendizaje para realizar tareas de cuidado a personas vulnerables.

 

El acceso al derecho a la vida independiente y a ser incluido en la comunidad por parte de las personas con discapacidad, a través de acciones de asistencia personal y eliminación de la institucionalización de la pobreza.

 

El aprendizaje de las tareas de cuidado, como una acción de equidad entre los géneros; y la enseñanza sobre la responsabilidad compartida de las tareas de cuidado para hombres y mujeres.

 

El reconocimiento de las redes de solidaridad comunitarias en las zonas rurales e indígenas, para integrarlas en las redes de cuidado.

 

La creación de un Sistema Nacional de Cuidados que distribuya competencias y responsabilidades entre los tres órdenes de gobierno de forma progresiva, que cuente con solvencia presupuestal.

 

Por ello, es que es necesario incluir este derecho en la Constitución, para garantizar su acceso universal y de igual forma facultar al Congreso para expedir la ley general reglamentaria conducente, que sería la ley general de cuidados.

 

Toda persona tiene derecho al cuidado. A través de este derecho recibirá lo que requiera para satisfacer sus necesidades básicas que le garanticen bienestar, un nivel de vida digno y decente que le permita vivir de forma independiente en su comunidad.

 

La ley definirá las bases y modalidades para el acceso a los servicios de cuidados y establecerá la concurrencia de la federación y las entidades federativas en esta materia, así como roles familiares.

 

Por eso, presento este decreto, un decreto que sin duda nos interesa a todos, y que yo les pongo un ejemplo que me ha tocado vivir, ustedes siempre y en cada momento me han visto en estas comisiones participar, siempre con la asistencia de mis cuidadoras.

 

Ellas son un ejemplo de lo que estamos proponiendo, millones de personas con discapacidad tienen cuidadores en casa, principalmente son sus familias, su mamá, su hermana, sus hijas.

 

Quienes se quedan a cuidar a los adultos mayores y a las personas con discapacidad son las mujeres.

 

Por eso se necesita capacitación, capacitación para que puedan cuidar a los demás y capacitación para que puedan cuidarse ellas mismas.

 

Capacitación para que exista un sistema nacional y que tengamos principalmente legislado la existencia de una tarea tan significativa y tan importante para personas que merecemos desarrollarnos de manera independiente, que merecemos ser parte de la sociedad y que merecemos que ellas, las cuidadoras sean reconocidas por su labor, por su entrega y por su amor.

 

Es cuanto, presidenta.

 

Muchas gracias.

 

Es correcto presidenta, es para facultad al Congreso que pueda legislar en materia de una ley general de cuidados.

 

 

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