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del GPPRI

Muchas gracias presidenta.

 

Antes que nada, me da muchísimo gusto verlos a todos ustedes acá compañeros, ojalá que este sea un gran año para todos. En verdad es un gusto estar con ustedes de vuelta.

 

Aprovecho el uso de la voz para traer un tema que creo que a veces no nos damos cuenta mucho, pero que siento que es de gran relevancia.

 

En el mundo, según la OMC, hay más de dos mil 220 millones de personas que tienen una deficiencia visual o ceguera, de los cuales, mil millones de casos pudieron haberse evitado de haber recibido atención adecuada a tiempo o de haber tenido las herramientas necesarias.

 

En México se estima que hay más de dos millones de personas con deficiencia visual y más de 400 mil con ceguera, convirtiéndose en la segunda causa de discapacidad, cifras que pueden duplicarse para el año 2030.

 

Por lo que a la fecha, cerca del más del 40 por ciento de la población, requiere de algún servicio optométrico.

 

En este sentido, la OMC ha recomendado que la atención a la salud visual debe incorporarse en los planes nacionales de salud, de tal forma que las personas puedan acceder a éste, sin sufrir dificultades financieras, lo que significa un avance en la cobertura sanitaria universal.

 

Entre las primeras causas o principales causas de discapacidad visual, se encuentran las cataratas, la diabetes, el glaucoma, la edad, el estilo de vida, el acceso limitado a la atención oftalmológica.

 

Algunos padecimientos como la hipermetropía, la miopía y el astigmatismo pueden significar una enfermedad de los ojos o una falla en la refacción ocular, por lo que las personas requieren el uso de lentes.

 

Sin embargo, aún cuando gran parte de la población tiene padecimientos de la vista y requiere de lentes o productos ópticos, existe un vacío legal en cuanto a su producción y comercialización, ya que existe en el mercado productos que no cuentan con los estándares mínimos de calidad que garanticen la salud visual de los pacientes.

 

No solo eso, por no obtener o por no tener un lente por así decirlo, adecuado, no solo no te ayuda a resolver el problema, sino que te lo hace más severo.

 

En el territorio nacional es común la producción y venta de lentes de todo tipo, y en establecimientos no especializados, incluso en la calle puede uno obtener estos lentes, que en la mayoría de los casos son fabricados con materiales inadecuados para la protección y salud de la vista.

 

Lo anterior, alerta sobre la necesidad de contar no solo con profesionales de la salud visual, sino de productos e insumos ópticos de calidad y que cumplan con los estándares mínimos para su fabricación, comercialización prescripción.

 

En el plano internacional hay dos ejemplos que cito, que llaman mucho la atención de que lo han hecho bien:

 

Uno fue en el país, en Colombia, el Programa Nacional para la Salud Visual Colombia 2012-2016, que fortalece la atención de la salud visual a través de acciones para la promoción de la salud, la gestión del riesgo y la salud pública.

 

Y otros países como España, que exigen que los lentes o micas oftálmicas, cumplan con ciertos elementos y requisitos sanitarios para su comercio y uso.

 

Por otra parte, en Europa existen diversas normas que regulan la fabricación de micas oftálmicas, por lo que garantiza productos de calidad y que no pongan en riesgo la salud visual.

 

Por lo anterior, considero fundamental establecer en la Ley General de Salud, las bases mínimas para la fabricación y comercialización de los insumos y productos ópticos y oftálmicos, a fin de contar con un adecuado control sanitario que permita orientar, educar, muestrear, verificar y aplicar medidas de seguridad.

 

Si bien hay normatividad general en materia de productos e insumos para la salud visual, sin embargo considero es necesario que ésta se establezca a nivel de ley para su cumplimiento y con ello se regulen su etiquetado o buenas prácticas para su fabricación, sino que se establezcan los estándares mínimos y otorguen certeza jurídica en la Ley General de Salud.

 

Por ello, propongo incluir los productos e insumos ópticos y oftálmicos, como parte del control sanitario, por lo tanto su importación y los establecimientos para su venta requerirán la autorización sanitaria de la Secretaría de Salud, y no solo un aviso como al día de hoy se hace.

 

Lo anterior disminuirá las afectaciones de la discapacidad visual, así como garantizará el acceso de todos los mexicanos a la calidad de los servicios de salud visual, por lo que los exhorto a sumarse a esta iniciativa.

 

Insisto, hay un dicho muy sabio que dice: “más vale prevenir que lamentar”. Lo que hagamos hoy en favor de la salud visual nos va a evitar lamentarlo en futuros años.

 

Muchas gracias.

 

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