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del GPPRI

Muchas gracias, presidenta.

Con su permiso.

Quiero empezar diciendo que tres de los problemas más importantes en la desigualdad de género de los países miembros de la OCDE es la violencia contra las mujeres, la brecha salarial de género y la desigualdad de participación en el trabajo no remunerado.

A nivel mundial la brecha salarial de género es de 16 %, lo que significa que las trabajadoras ganan en promedio 24 % menos de lo que ganan los hombres.

En este contexto México no es la excepción, hace un par de días el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, detalló que en México la brecha salarial entre hombres y mujeres va del 22 al 33 % según el sector.

Esto es algo verdaderamente preocupante, que frena el empoderamiento, así como el desarrollo económico y profesional de las mujeres. Si bien las mujeres ganan entonces menos que los hombres es necesario considerar que hay otra brecha; la brecha de género en la carga total del trabajo remunerado y no remunerado, que de acuerdo con información del Inegi es de 13.4 horas semanales en promedio.

La mayor carga de trabajo para las mujeres se refleja en menor disposición de tiempo libre, en promedio son cuatro horas a la semana.

Es por esta razón el sentido a favor de este dictamen, por lo que se reforman 13 ordenamientos legales en materia de desigualdad. La integración de las figuras y definiciones de la brecha de género como la que muestra la distancia que existe entre hombres y mujeres respecto a un mismo indicador, el certificado de igualdad laboral de género y no discriminación y la igualdad salarial, como la remuneración, que será siempre igual por un trabajo de igual valor sin distinguir el sexo, el género, la raza, la identidad de género, la orientación social, económica, de salud o jurídica, abona a que los centros de trabajo adopten las medidas para disminuir la brecha salarial de género.

Lo anterior, en el marco de la igualdad entre hombres y mujeres, que implica la eliminación en toda forma de discriminación en cualquiera de los ámbitos de la vida en que se genere por pertenecer a cualquier sexo comprenderá el principio de igualdad por remuneración por trabajo igual de valor.

Lo que debemos buscar es atender cualquier impacto negativo sobre la remuneración de la situación familiar, las responsabilidades familiares, de cuidados o de cualquier otra situación o característica asociada con el sexo o el género de la persona trabajadora.

Si apostamos por la disminución de las brechas salariales de género y la profesionalización de las mujeres tendremos por consiguiente una sociedad más igualitaria, una sociedad más equitativa, que es uno de los pilares de la sociedad democrática y justa.

Confío en el voto a favor de las legisladoras y de los legisladores en este dictamen, en el respaldo de los grupos parlamentarios y confío también en que pronto la igualdad salarial pueda ser una realidad.

Es cuanto, presidenta.

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